lunes, 9 de enero de 2012

CRÍA / SEXAJE

Aunque hay muchos factores que influyen en la cría exitosa de cualquier especie, una cosa es común a todas ellas: la necesidad de un macho y una hembra. Esto puede parecer una cosa fácil de determinar al hablar de las Ninfas/Carolinas, una especia que suele presentar dimorfismo sexual, pero siempre sorprende la cantidad de gente que comete errores. Parece que surge la confusión debido a que los factores de mutación alteran las características sexuales visuales aceptadas tanto en el patrón de coloración como en el plumaje. Por ejemplo, las mutaciones canela y ante permiten que las hembras muestres una cantidad considerablemente mayor de color amarillo no se aproxima a la que desarrolla un macho, y una hembra con esta mutación no posee el mismo borde, claramente definido, dela máscara facial, que sí posee el macho. Las hembras lutino y arlequinadas pueden poseer unas manchas en las mejillas tan grandes y de coloración viva como los machos que poseen la misma mutación.


La norma general dicta que los machos sexualmente maduros de la coloración gris normal y los que poseen cualquier mutación que implica sólo un cambio de color, sin un cambio en el patrón de coloración del plumaje, poseen una máscara amarilla bien definida. unas plumas de cola de un único color, y no tienen manchas juveniles bajo las alas cuando han alcanzado la madurez.

Las hembras maduras tienen tonalidades de amarillo de intensidad variable alrededor de los ojos y el pico, y las plumas de la parte inferior de la cola son amarillas y con un barrado de su color corporal. Las manchas de sus mejillas también se ven apagadas por su color corporal, haciendo que tengas un aspecto menos vivo. También conservan las manchas de debajo de las alas, aunque , en ocasiones, algunos ejemplares se liberan de ellas.

Los ejemplares jóvenes parecen hembras maduras, ya que tienen una cera de tonalidad rosada, y una cola y un penacho de menor tamaño. Inician una muda juvenil alrededor de los cuatro meses de vida que dura unos dos meses, momento a partir del cual los machos empiezan a desarrollar la coloración amarilla en el rostro. A veces perderán parte de las plumas de la cola, que serán sustituidas por plumas de un solo color en el caso de los machos. A las hembras les saldrán unas nuevas plumas de la cola barradas.

Algunas estirpes maduran más lentamente que otras, y puede que los cambios de las plumas del rostro no sean aparentes a los cuatro meses. Si sucede esto, puede arrancar una pluma barrada de la cola para acelerar un poco el proceso. No obstante, si se arranca la pluma dela cola antes de los cuatro meses de vida, puede que sea reemplazada por otra pluma juvenil, dándonos así una falsa impresión del sexo del ave.

El comportamiento es también uno de los métodos para el sexaje de las aves. De hecho, en el caso de las aves arlequinadas y las lutino puede que sea la única, y quizás la mejor, indicación para arreglárselas. Los machos sanos y activos empezarán a cantar y como a reirse a una edad tan temprana como las ocho semanas. Se podrá ver a los machos elevando los hombros mientras estiran las alas y cruzan sus extremos. Al hacer eso, frecuentemente parecen estar llevando a cabo pequeños movimientos de pies de un lado a otro, lo que combinan con un canto repetitivo. Algunos machos elevan y hacen descender el cuerpo en un movimiento de reverencia a las hembras mientras elevan los hombros.
Otros siguen incansablemente a la hembra que han escogido durante todo el rato. La hembra suele mostrarse indiferente a las atenciones del macho, a no ser que quiera aparearse, y si es así, se agacha, eleva la cola y gorjea.

A veces, las hembras pueden cantar tan bien como los machos jóvenes y , además, se ha observado a hembras aparearse con otras hembras, lo que complica la determinación del sexo. Nunca se observó que nadie haya descrito la elevación de los hombros en caso de las hembras, por lo que si la coloración de una hembra no revela su sexo, consideramos que esta actividad es el segundo rasgo más preciso para identificar a los machos.

Un problema que surge al intentar determinar el sexo de las aves arlequinadas es que sólo podrá asumir que un ave es hembra si no la ha visto comportarse como un macho. Siempre existe la posibilidad de equivocarse si el ejemplar es un macho que tarde en madurar, o si no puede observar al ave durante todo el día para detectar signos de comportamiento masculino.

Es de esperar que las hembras lutino muestren unos puntitos amarillos, sobre un fondo blanco cremoso, debajo de las alas, pero no creemos que éste sea un método preciso para el sexaje de las aves lutino, ya que depende de que el ejemplar disponga del suficiente contraste entre el blanco y el amarillo para que estos puntitos sean visibles. Si el ave es además perlada o arlequinada, el patrón punteado normal de las alas puede verse interrumpido y esta teoría para la determinación del sexo no tendría aplicación.


Los machos lutino desarrollan una capa de origen hormonal al alcanzar la madurez que se muestra en forma de un color marrón muy pálido o una tonalidad malva sobre las alas que no penetra en el barrado blanco de las alas. Las hembras nunca desarrollan esta coloración.
Hay muchas otras teorías basadas en los huesos pélvicos y en las mancas de las mejillas, y todas ellas tienen una precisión de por lo menos el 50%.

Desde NINFAS y CAROLINAS, nuestro Criador Experto a través de un Laboratorio Experto y Autorizado se realiza a todas nuestras aves un Sexado Molecular donde se determina el sexo de dichas aves. La fiabilidad de dicho Sexado es del 99,9 %.

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