domingo, 14 de agosto de 2011

ADIESTRAMIENTO


Después del periquito, la Ninfa/Carolina es el pájaro de compañía que goza de mayor popularidad entre quienes sólo desean tener un único ejemplar. No sólo es un bello pájaro sino que también aprende con rapidez, tiene un precio razonable y cabe encontrarlo en la mayoría de buenos criaderos especializados. Su canto es agradable y puede enseñársele a imitar la voz humana y a decir unas pocas palabras de tipo sencillo.

La primera condición a tener en cuenta antes de intentar enseñar a un pájaro a hablar es asegurarnos de que está domesticado. Afortunadamente, la Ninfa/Carolina es uno de los pájaros que más fácil resulta domesticar. Un ejemplar joven debe aprender a depositar su confianza en su dueño y sentirse seguro en su entorno inmediato, siendo aquellos cuya edad oscila entre las 12 y las 14 semanas los que generalmente mejor responde al adiestramiento. En cambio, los de edad superior indicada ya presentan hábitos adquiridos o bien han sido objeto de adiestramiento por otro poseedor previo, lo que da lugar a que muestren resistencia, hasta cierto punto, a ser adiestrados.

Tras la adquisición, deberemos alojar a la Ninfa/Carolina en forma aislada, es decir, mantenerla apartada de cualquier otro pájaro, tanto si son de su misma especie como de otra diferente. A tal fin, ya deberemos haber decidido el punto que instalaremos la jaula y habremos dotado ésta de todos los elementos necesarios. Una vez decidido, mantengámosla en dicho lugar pues el trasladarla de un punto a otro después de la llegada de nuestro pájaro es casi seguro que sólo servirá para trastornarle.


Debemos extremar las precauciones cuando transfiramos al pájaro desde la caja en que ha sido transportado a su jaula. Démosle tiempo para que penetre en ella y se familiarice con lo que va a ser su nuevo hogar, asegurándonos que mientras tanto no hay ningún otro pájaro o animal en el entorno.
Evitemos todo aquello que pueda asustarle y hacer que se aleje de su jaula. Después, dejémoslo solo durante un rato para que gradualmente se vaya sintiendo cómodo. Si ya es de noche, mantengamos una luz de escasa potencia encendida en la habitación al objeto de que pueda orientarse en un entorno que es nuevo para él y con el cual no se halla familiarizado.

Algunos expertos consideran que deberíamos dejar que transcurriera una semana o más antes de intentar domesticar y adiestrar a nuestra Ninfa/Carolina. Muchos otros creen que sólo necesita un breve espacio de tiempo, algunas veces únicamente horas, antes de que ya este en condiciones de iniciar un estrecho contacto humano.
Sea como fuere, durante los primeros días siempre deberemos acercarnos al pájaro lentamente, hablándole con suavidad hasta conseguir que se muestre tranquilo. Transcurrido algún tiempo, el pájaro ya habrá aprendido que la jaula es el lugar en que recibe su comida y en donde se siente seguro. Eventualmente querrá regresar a la jaula por sus propios medios después de haber llevado a cabo algún ejercicio de vuelo. Extremo importante a tener en cuenta es que si dejamos que la Ninfa/Carolina vuele a su aire antes de que haya llegado al punto de considerar la jaula como su hogar, es muy probable que debamos proceder a capturarla para devolverla a ella. Esto provocará un estado de gran agitación al pájaro y sólo servirá para prolongar el período de tiempo necesario para que se acostumbre a la jaula, a nuestro hogar y a nosotros.


Transcurridos pocos días, el pájaro comenzará a anticiparse a la llegada de su dueño respondiendo a las tenues palabras de éste con un suave silbido. Cuando esto empiece a ocurrir cabrá decir que el primer paso en la domesticación y adiestramiento de nuestro pájaro ya ha sido dado.

Una vez se haya acostumbrado a su entorno, el pájaro estará en condiciones para ser domesticado.
En silencio adelantemos la mano y cojámoslo suavemente alrededor de las alas. Es muy probable que en dicho instante nos muerda pero aun cuando estos mordiscos son algunas veces dolorosos, los de los ejemplares jóvenes raras veces producen daño alguno.
Si mantenemos nuestra suave presa sobre el, pronto se dará cuenta de que sus mordiscos no sirven para nada y dejará de propinarlos. Los ejemplares adultos, por contra, pueden morder con mayor fuerza y algunas veces incluso hacer que brote sangre. Si esto ocurre tratemos nuestra herida como lo haríamos en el caso de mordisco de cualquier otro animal. Podemos obligar a una Ninfa/Carolina a soltar presa presionándola con fuerza con el pulgar bajo la barbilla pero debemos evitar castigarla por sus mordiscos golpeándole el pico o valiéndonos de cualquier otra práctica similar. Hemos de tener en cuenta que al obrar así no hacen más que seguir unos instintos innatos de supervivencia. El castigo contra estas acciones instintivas sólo dará lugar a que el pájaro desarrolle una personalidad agresiva y a que todos los esfuerzos encaminados al adiestramiento y a la domesticación resulten más y más difíciles.

Si sentimos temor hacia el mordisco del pájaro podemos usar unos guantes gruesos de piel pero recordemos que en tal caso será preciso readiestrarlo para que acepte nuestra mano desnuda.


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